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19 de agosto de 2008

Puede fallar....laguna Cochicó


Un llamado telefónico te puede cambiar el destino, de eso no hay dudas, sino imaginensé un jueves a las ocho de la noche, suena el teléfono y se produce el siguiente diálogo.
-Hola, que haces mariconazo-
-Que haces lamparita-
-Tengo una propuesta indecente para hacerte-
-Haber, decime.
-Vamos a Cochicó mañana.
-Uf, dejamelo pensar, haber, llamame en quince minutos.


Así se dio el diálogo, pero no llegué a esperar los quince. La miré a la patrona, ella me miró como diciendo, andá y divertite, asi que tomé el teléfono y le dije: - ¿A que hora pasas?. Risotadas por doquier y bue...asi vivimos esta locura, como buenos locos que somos.


El viernes a las 11 de la noche nos encontramos con el Lamparin y sus dos amigos, Fabian y Hector en la partner de este último. Cargamos bártulos y salimos con destino a recorrer esos 500 km en busca de Cochicó y sus trofeos. Un viaje ameno, con muchas anécdotas, risas y demás yerbas hizo que pasara casi volando.

Llegamos a destino demasiado temprano, casi las cinco de la mañana, por lo que tuvimos que dar unas cuantas vueltas hasta que se hiciera la hora, despues aprovechamos para pegarle un poco al sueño.

Cuando amaneció la novedad era lo que más temíamos. Un fuertísimo viento cruzaba la laguna de este a oeste, con ráfagas que llegaban a los 40Km. Imposible que nos dejen salir. Esperamos hasta casí las 10 que el viento calmó, no así el frío que era de 1° bajo 0. Que frío por Dios.!


Bueno, salimos siguiendo al guía y amigo Eduardo Blanco que iba con unos clientes para el lado de la Isla, tratando de cubrirse del viento fuerte. Nosotros decidimos seguir de largo, ya empapados y llegar hasta la costa del nilo, donde le entramos de flote sin resultados.

Seguimos toda la mañana por la zona, muy mojados y sin poder hacer pie para pescar, por lo que al mediodia decidimos ir para el fondo de la laguna, entre el techo rojo y las bombas, donde nacía el viento y por lo menos podíamos pescar mas cómodos. Ahí salieron un par de pejes de flote y nada mas. Nos tiramos al medio donde estaba Edu y decía que con pater habían tenido algunos piques, pero nada.


Volvimos a las bombas y pescamos un rato mas por ahí, sin suerte, hasta que bajó un poco el viento y pudimos garetear desde ahí para el lado de la costa del nilo. En dos garetes bien hechos tuvimos algunos piques con un par de capturas cada uno, y san se acabó.

Lo fuimos a buscar contra la costa en el mismo lugarcito que hace 20 días, El Rincón de Olaff, apenas tiré un hermoso peje se prendió, pero despues el viento que nos tiraba contra la costa no nos dejó acomodarnos y tuvimos que dar la jornada por concluida.


La verdad que intentamos todo, pero preferimos morir de flote, como nos gusta pescarlo a nosotros, igual con pater tampoco tuvimos novedades de que se estuviera dando firme.


A la noche nos fuimos a Guaminí a cenar y a dormir en una casa que habíamos alquilado, mascando bronca porque no habíamos encontrado el pescado y el clíma no nos ayudó para nada. Por lo menos tuvimos el magro consuelo que a la gran mayoría de los pescadores les había ido igual, por ende, fue un problema de la laguna y no de los mancos pescadores, jajajaja.


En fin, un día complícadísimo para la pesca que no nos acompañó, pero a pesar de ello, la compañía del Lampara, Fabian y Hector alcanzó y sobró para disfrutar de la salida a pleno, porque no paramos de reirnos en todo el fin de semana. La próxima vendrá con mas pesca, eso seguro.



9 de agosto de 2008

Zanagoria Word´s Tour 2da Fecha Cochicó


casi veinte días despues de no poder ir a Cochicó por el paro agrario. Casi veinte días despues de realizar la primera parada del Zanagoria Word´s Tour en Monte. Casi veinte días despues de seguir imaginando este encuentro casi diariamente, con locura y ansiedad, llegó el momento. La banda estaba lista y el famoso azulito ya empezaba a hacer rugir su motor. Cochicó estaba a la vuelta de la esquina y el Zanagoria Word´s Tour daba pie a su segunda presentación.

El azulito, como bautizamos al viejo colectivo transformado en motorhome, llegó a las 12 en punto al 2do punto de encuentro donde me levantaron a mi con algunos de los muchachos que subíamos en Capital. De ahí, recorrimos los primeros 100 Km hasta llegar a Monte, donde levantamos a los chicos que faltaban. Así ya estábamos todos los que viajaríamos rumbo a la preciada Cochicó en busca de sus pejes de oro.


El grupo quedó conformado por Richardoc, Lampara, Danielito, Marco, Guiyo, Gustavo, Ricky, Nemo, Danonino, los montesinos Leo, Big y Aldese y yo. Como era de esperarse el viaje fue a pura picada, bebidas de todo tipo y mucha pero mucha risa. Ya adentrada la noche y después de la parada en lo de Fosfori para comprar mojarra, nos fuimos a dormir en las cómodsas cuchetas que tiene el azulito.

Llegamos tempranito y nos encontramos con la gente que faltaba y que habían venido antes en auto. Fermin y su papá Gustavo desde Bragado, el lobo y su mujer Cristina desde Monte. Risotadas, cargadas y demás yerbas para paliar la adrenalina que ya no corría por las venas...las ganas de estar en el agua eran tremendas.


Armamos los equipos y embarcamos. El tiempo no nos acompañó ya que un viento este cruzado de bastante intensidad nos acompañó toda la jornada. Esto es lo peor que nos puede pasar, prefiero frió, lluvia, sol, calor, pero el viento es el condicionante mas complicado de sortear.


Con esa complicación salimos los trucker rumbo a la parte de atrás de la isla donde buscaríamos reparo. Líneas al agua y a tratar de mantenernos en pie. En nuestro trucker estábamos Lampara, Dany, Nemo, Dano y yo. Todos con líneas de 3 boyas y a buscarlo arriba como nos gusta. No tuvimos suerte, salvo el primero que lo pescó Nemito.

Nos corrimos mas a la costa del pesquero blanco y ahí empezamos a sacar algunos salteados. Siempre de buena medida, arriba de 30 cm hasta 38 cm aprox. En esa ráfaga yo fui el que anduvo mejor. Los piques se daban de 20 a 40 cm de profundidad, muy pero muy celosos.





Al mediodia y sin poder encontrar el pastón de pescado característico de esta laguna, nos cruzamos la laguna buscando la zona de la costa del nilo. Nos mojamos bastante pero ya estábamos en una buena zona. Líneas al agua y a pescar. Seguimos con piques esporádicos, pero parejos en todas las cañas.

Realmente el viento a esta altura nos traía a mal traer, no podíamos afirmarnos en el bote, nos bamboleábamos para todos lados y para colmo la embarcación garreaba de ves en cuando. Seguimos encaprichados en buscarlo arriba, como nos gusta, y asi terminaríamos pescando todo el día.


Por la tarde, un llamado de Eduardo, guía amigo que llevaba a uno de los grupos de los chicos, nos avisó que por el Rincon de Olaff, a escasos quinientos metros de donde estábamos nosotros, estaban pescando bastante bien. Y hacia allí fuimos.

Llegamos y vimos el trucker de Eduardo anclado a menos de 50 mts de la costa y con buenos resultados. Nos acomodamos, líneas al agua y ahora si. El pique era franco y leal. Lamentablemente a mi a esa altura me dolía mucho la cabeza y no pude disfrutar del todo de esa ráfaga. Pero bue, logramos pescar todos medianamente bien y eso es lo importante.


Al ratito se arrimó el trucker de los montesinos que no lograba afirmarse por el viento, pero que, con paciencia, tambien pudo pescar un rato en el lugar. Al cabo de una hora, y ya con el sol bajando, decidimos pegar la vuelta, terminando de empaparnos todos.

Al llegar a puerto, entre abrazos, bromas y comentarios vimos que a todas las embarcaciones les fue parecido, entre 120 y 150 pescados por cada embarcación. Al rato llegó el lobo que salió con cristina en su lancha y que lo había encontrado a úlitma hora gareteando por el medio, logrando el mismo promedio que el resto de los chicos.


Salimos y nos fuimos para la casa que habíamos alquilado en Guaminí. Una hermosa vivienda con 4 habitaciones, cocina, comedor, patio y una parrilla techada. Nos bañamos y los montesinos comenzaron a preparar el asado, un costillar entero espectacular.






Cenamos todos juntos en el patio, recordando la salida, los momentos, disfrutando de viejas anéctodas, soñando con futuras pescas juntos. Todo lo que hace que una salida de pesca tenga ese encanto tan especial que sólo nosotros los pescadores podemos comprender.

 
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